Iconos
Foto: “Bringing All Back Home”, de Bob Dylan.
Autor: Daniel Kramer, 1965.
Era su quinto disco, “Bringing It All Back Home”, de 1965. Hace cincuenta años que Bob Dylan sumaría a su inspiración poética el argumento de la electrificación en sus guitarras; nada sería igual. El mundo no cambiaría, claro, al menos tal como aquellos que se reivindicaban a través de sus canciones, pero él se permitió sumar la música folk al espíritu rock, un sacrilegio que se superaría con el tiempo.
“Subterranean Homesick Blues”, la primera canción, es una bomba en forma de rasgueo de guitarra junto a bajo y batería sobre las que transita una voz recitativa en un rap iniciático lleno de musicalidad. Las canciones de Dylan se volverían arrebato, al menos hasta que piezas como “Mr Tambourine Man” se envuelven otra vez en monólogos de guitarra acústica. Nadie había escrito mejores canciones sobre la guerra, el pacifismo, la segregación racial de una generación que buscaba esperanzas. Sus canciones eran himnos, pero él necesitaba otra cosa, como artista que era no se quedaría en la superficie, ni se identificaba ya con aquellos que buscaban en sus letras una respuesta al espíritu del momento, Tampoco era de los que anhelaba la dimensión de un purismo folk, había escuchado a The Beatles, Animals, así que armado con su guitarra y con la Paul Butterfield Band detrás, se enfrentaría a su propio público en el Newport de 1965 que mostraría en forma de pitos su desafección con el maestro; a él le duele, pero su trayectoria no se inmutaría. Dylan huiría poco a poco de un territorio donde se le presumía cómodo, pero no suficiente. El rock ganó trascendencia con un músico intrincado en hacer canciones alejadas de la superficie, su letras se armaban con referencias oníricas, el espíritu de los sueños, al más puro estilo de la generación Beat. Todo aquello era mucho más que un tributo, era algo que estaba inspirando su vida; el folk perdería un activista directo, permeable hacia otras corrientes de mayor digestión, y más en la onda de una cultura de masas; el rock ganaría a un artista que se mostraría como inquebrantable defensor de una música no sólo prescrita para un público juvenil o adolescente. “Bringing It All Back Home”, sería disco de oro, superando el millón de copias vendidas, y Dylan un artista universal en todos los rincones del planeta. De eso, cincuenta años.
*Publicado en La Revista 26/03/2015
26 mar 2015
19 mar 2015
Yo soy el perro de Pávlov #Iconos #Pávlov
Iconos
Imagen: Iván Petróvich Pávlov
Yo soy el perro al que Iván Petróvich Pávlov (Riazán, 1849; San Petesburgo, 1936) hizo sus experimentos. Seguro que a ninguno de ustedes le haría gracia que le condicionaran así su vida, menos jugando con algo tan primario como es la comida; ellos lo hicieron. Allí me tuvieron, él y su ayudante Twimyer, un tipo bien antipático, en un cautiverio experimental; dicen que los ensayos le sirvieron al científico ruso para formular la ley del reflejo condicional, yo no lo dudo, lo cierto es que me estuvieron observando durante diez largos años, dando de comer a ratos, cuando no me dejaban con lo puesto sólo por verme salivar, que era cuando más excitados se ponían. Sé que no era yo el único, a veces no se escuchaban más que ladridos.
Todos aquellos logros -dicen- han sido la base del conocimiento sobre los efectos en los traumas de conducta humana, la memoria y la salud mental, pero todo eso y lo que le pudiera acontecer al resto de la humanidad a mí -el perro de Pávlov- me importa bien poco.
Pávlov nos hacía sufrir, también nos alimentaba, pero nunca de una manera lógica, o la lógica -tal vez- se correspondía con un juego conspiranoico. No es digno estar sujeto con arneses a una estructura de madera que no te deja mover un músculo, con una sonda ligada a una cánula que te perforaba la boca, y todo para percibir cómo es tu sufrimiento servido en saliva. Puede que a aquel científico loco le sirviera para hacerse con el Nobel, pero a mí me llenó de sufrimiento. Al principio me acercaban comida al hocico, sin dejar que probara bocado, más tarde ni eso. Parecían disfrutar con el engaño. Sé que todo era una prueba, si yo veía aquel círculo de color significaba el alimento por llegar, la elipse señalaba todo lo contrario. Aún recuerdo la campanilla irritante, tediosa, a la vez que me acercaban un poco de comida con el que satistacer mi hocico, peor cuando la campanilla sonaba sin premio. Yo sé que todo aquello era un experimento. Yo sé que estaban observando mi conducta, mi comportamiento al minuto, mis niveles de saliva. Los hubiera matado si pudiera, a cambio de toda esta fama que hoy lleva su nombre.
*Publicado en La Revista 19/03/2015
Imagen: Iván Petróvich Pávlov
Yo soy el perro al que Iván Petróvich Pávlov (Riazán, 1849; San Petesburgo, 1936) hizo sus experimentos. Seguro que a ninguno de ustedes le haría gracia que le condicionaran así su vida, menos jugando con algo tan primario como es la comida; ellos lo hicieron. Allí me tuvieron, él y su ayudante Twimyer, un tipo bien antipático, en un cautiverio experimental; dicen que los ensayos le sirvieron al científico ruso para formular la ley del reflejo condicional, yo no lo dudo, lo cierto es que me estuvieron observando durante diez largos años, dando de comer a ratos, cuando no me dejaban con lo puesto sólo por verme salivar, que era cuando más excitados se ponían. Sé que no era yo el único, a veces no se escuchaban más que ladridos.
Todos aquellos logros -dicen- han sido la base del conocimiento sobre los efectos en los traumas de conducta humana, la memoria y la salud mental, pero todo eso y lo que le pudiera acontecer al resto de la humanidad a mí -el perro de Pávlov- me importa bien poco.
Pávlov nos hacía sufrir, también nos alimentaba, pero nunca de una manera lógica, o la lógica -tal vez- se correspondía con un juego conspiranoico. No es digno estar sujeto con arneses a una estructura de madera que no te deja mover un músculo, con una sonda ligada a una cánula que te perforaba la boca, y todo para percibir cómo es tu sufrimiento servido en saliva. Puede que a aquel científico loco le sirviera para hacerse con el Nobel, pero a mí me llenó de sufrimiento. Al principio me acercaban comida al hocico, sin dejar que probara bocado, más tarde ni eso. Parecían disfrutar con el engaño. Sé que todo era una prueba, si yo veía aquel círculo de color significaba el alimento por llegar, la elipse señalaba todo lo contrario. Aún recuerdo la campanilla irritante, tediosa, a la vez que me acercaban un poco de comida con el que satistacer mi hocico, peor cuando la campanilla sonaba sin premio. Yo sé que todo aquello era un experimento. Yo sé que estaban observando mi conducta, mi comportamiento al minuto, mis niveles de saliva. Los hubiera matado si pudiera, a cambio de toda esta fama que hoy lleva su nombre.
*Publicado en La Revista 19/03/2015
5 mar 2015
Bettina Graziani, adiós a la modelo #Iconos#Bettina Graziani
Iconos
Foto: Bettina Graziani, París, 1958.
Autor: Frank Horvat, para Givenchy.
Tenía 90 años. Fue -dicen- la mujer más fotografiada de Francia.
Dotada de una mirada misteriosa llena de expresividad y de una elegancia natural fascinante, Bettina Graziani (1925, Normandía - 2/3/2015, París), nacida como Simonne Micheline Bodin, fue reina de la pasarela de la moda en los 40 y 50, en rivalidad con una belleza inglesa como Barbara Goalen. Iba para diseñadora, así se presentó al modisto Jacques Costet, con sus diseños debajo del brazo y 20 años, “tus diseños no valen nada, pero podrías ser una increíble maniquí”, le soltó como quien lanza una pedrada de sinceridad. La joven francesa no era un portento de belleza al uso, pero sí tenía mucho arte por pulir en sus 164 cm, su pelirroja melena -en breve un recuerdo-, y sus mejillas pecosas. Al poco de comenzar a desfilar conoce a quien sería su marido, Gilbert Graziani, fotógrafo de “Paris Match”, con quien se alejaría durante un tiempo de la moda para probar el amor y regresar más tarde a París coincidiendo con su divorcio, en 1950. La casa de Lucien Lelong le sirve para enseñar su talento, que fascinaría a los grandes, empezando por Jacques Fath, joven portento de la moda, con quien iría de la mano a los Estados Unidos. Por entonces la pretendía también Christian Dior, quien estaba a punto de dar a conocer su afamado “New Look”, pero ella, fiel a su palabra con Fath dejaría que éste fuera quien obrase el milagro. Le hizo cortarse el pelo para que resaltara su afilado rostro y una mirada rasgada con la que seduciría a todos. Aparecen las primeras páginas en revistas; en Vogue (1951), de la mano de Irving Penn; la fotografiarían los grandes de entonces, Horst P. Horst, Robert Doisneau, Louise Dahl-Wolfe, Erwin Blumenfeld.
En 1954 fallece Fath; Givenchy la convierte en su musa, además de directora e inspiración real en muchas referencias, incluída la camisa blanca en su nombre y el perfume “Amarige”.
La tentó Hollywood, cuando se enamoró de Peter Viertel, reconocido guionista; por el príncipe Aly Khand lo dejaría todo, hasta que el destino trágico se lo llevaría por delante en un accidente. Se fue y regresó siempre que quiso, con Chanel, en 1967. Enmanuel Ungaro, Valentino, con quien relanzó la carrera de Azzedine Alaia. Fue una espectadora de lujo, hasta su muerte. Era lunes 2 de marzo.
*Publicado en La Revista 5/03/2015
Foto: Bettina Graziani, París, 1958.
Autor: Frank Horvat, para Givenchy.
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| Frank Horvat |
Tenía 90 años. Fue -dicen- la mujer más fotografiada de Francia.
Dotada de una mirada misteriosa llena de expresividad y de una elegancia natural fascinante, Bettina Graziani (1925, Normandía - 2/3/2015, París), nacida como Simonne Micheline Bodin, fue reina de la pasarela de la moda en los 40 y 50, en rivalidad con una belleza inglesa como Barbara Goalen. Iba para diseñadora, así se presentó al modisto Jacques Costet, con sus diseños debajo del brazo y 20 años, “tus diseños no valen nada, pero podrías ser una increíble maniquí”, le soltó como quien lanza una pedrada de sinceridad. La joven francesa no era un portento de belleza al uso, pero sí tenía mucho arte por pulir en sus 164 cm, su pelirroja melena -en breve un recuerdo-, y sus mejillas pecosas. Al poco de comenzar a desfilar conoce a quien sería su marido, Gilbert Graziani, fotógrafo de “Paris Match”, con quien se alejaría durante un tiempo de la moda para probar el amor y regresar más tarde a París coincidiendo con su divorcio, en 1950. La casa de Lucien Lelong le sirve para enseñar su talento, que fascinaría a los grandes, empezando por Jacques Fath, joven portento de la moda, con quien iría de la mano a los Estados Unidos. Por entonces la pretendía también Christian Dior, quien estaba a punto de dar a conocer su afamado “New Look”, pero ella, fiel a su palabra con Fath dejaría que éste fuera quien obrase el milagro. Le hizo cortarse el pelo para que resaltara su afilado rostro y una mirada rasgada con la que seduciría a todos. Aparecen las primeras páginas en revistas; en Vogue (1951), de la mano de Irving Penn; la fotografiarían los grandes de entonces, Horst P. Horst, Robert Doisneau, Louise Dahl-Wolfe, Erwin Blumenfeld.
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| Jean-Philippe Charbonnier |
En 1954 fallece Fath; Givenchy la convierte en su musa, además de directora e inspiración real en muchas referencias, incluída la camisa blanca en su nombre y el perfume “Amarige”.
La tentó Hollywood, cuando se enamoró de Peter Viertel, reconocido guionista; por el príncipe Aly Khand lo dejaría todo, hasta que el destino trágico se lo llevaría por delante en un accidente. Se fue y regresó siempre que quiso, con Chanel, en 1967. Enmanuel Ungaro, Valentino, con quien relanzó la carrera de Azzedine Alaia. Fue una espectadora de lujo, hasta su muerte. Era lunes 2 de marzo.
*Publicado en La Revista 5/03/2015
19 feb 2015
Mata-Hari, doble espía del amor #Iconos #Mata-Hari
ICONOS
Foto: Mata-Hari, en 1907.
Quizás fuera la única verdad que dijo en su vida, “A los militares los he amado siempre y prefiero ser la amante de un oficial pobre que de un banquero”. Eran tiempos de la Primera Guerra Mundial. Margaretha Geertruida Zelle, Mata-Hari, (1876, Holanda-París, 1917) bailó para media Europa, una actividad que le dio fama y que la llevó también dada su buena relación entre militares al desempeño de otro oficio, el espionaje.
El arte de amar lo aprendió joven, a los 18 años, en los brazos de un capitán Rudolf Campbell, su marido, cuyo destino profesional los llevaría a Java. Allí, al margen de criar a sus dos hijos, uno fallecido contagiado por sífilis -herencia paterna-, se iniciaría en las danzas nativas así como en sus prácticas amatorias, que no dudaría en mostrar a su esposo, éste, acostumbrado al arte de sus propias concubinas, remataría por escandalizarse, de disoluta y viciosa fue calificada por su marido. Roto el matrimonio, reaparecería en París haciéndose pasar por una princesa de Java; renace así en el personaje, el de una bailarina oriental que hace strip-tease. En realidad lo que más fascinaba a los franceses, al margen de su aparente exotismo, era que en sus espectáculos primaba la desnudez, al tiempo que bailaba.
A la vez que medraba su fama lo hacía el número de sus amantes. La guerra le pilla actuando en Berlín, donde era la amante del jefe de policía; más tarde lo sería de Kraemer, cónsul alemán en Amsterdam. Fue él quien le propuso convertirse en agente H-21, y ella acepta. Su fogosidad, su inconstancia en el amor, su pasión por la vestimenta militar con soldado dentro, le llevaría a aceptar también los servicios de espionaje para el capitán Ladoux, para los franceses. Fue víctima de una trampa alemana, cuando el personaje dada su promiscuidad y sus nulos aportes se les presentó molesto; el señuelo, un mensaje cifrado enviado al enemigo francés para que relacionaran a esta con el espionaje alemán, Mata-Hari amaba los militares de todos los países, y se acostaba con ellos por placer, así lo dijo en su defensa en el juicio, tras la lectura de un listado cuasi infinito de militares a lo largo de aquel verano. Murió el 15 de octubre de 1917, con traje de ceremonia, como si el último viaje en manos de un pelotón de fusilamiento fuera de gloria.
*Publicado en La Revista 19/02/2015
Foto: Mata-Hari, en 1907.
Quizás fuera la única verdad que dijo en su vida, “A los militares los he amado siempre y prefiero ser la amante de un oficial pobre que de un banquero”. Eran tiempos de la Primera Guerra Mundial. Margaretha Geertruida Zelle, Mata-Hari, (1876, Holanda-París, 1917) bailó para media Europa, una actividad que le dio fama y que la llevó también dada su buena relación entre militares al desempeño de otro oficio, el espionaje.
El arte de amar lo aprendió joven, a los 18 años, en los brazos de un capitán Rudolf Campbell, su marido, cuyo destino profesional los llevaría a Java. Allí, al margen de criar a sus dos hijos, uno fallecido contagiado por sífilis -herencia paterna-, se iniciaría en las danzas nativas así como en sus prácticas amatorias, que no dudaría en mostrar a su esposo, éste, acostumbrado al arte de sus propias concubinas, remataría por escandalizarse, de disoluta y viciosa fue calificada por su marido. Roto el matrimonio, reaparecería en París haciéndose pasar por una princesa de Java; renace así en el personaje, el de una bailarina oriental que hace strip-tease. En realidad lo que más fascinaba a los franceses, al margen de su aparente exotismo, era que en sus espectáculos primaba la desnudez, al tiempo que bailaba.
A la vez que medraba su fama lo hacía el número de sus amantes. La guerra le pilla actuando en Berlín, donde era la amante del jefe de policía; más tarde lo sería de Kraemer, cónsul alemán en Amsterdam. Fue él quien le propuso convertirse en agente H-21, y ella acepta. Su fogosidad, su inconstancia en el amor, su pasión por la vestimenta militar con soldado dentro, le llevaría a aceptar también los servicios de espionaje para el capitán Ladoux, para los franceses. Fue víctima de una trampa alemana, cuando el personaje dada su promiscuidad y sus nulos aportes se les presentó molesto; el señuelo, un mensaje cifrado enviado al enemigo francés para que relacionaran a esta con el espionaje alemán, Mata-Hari amaba los militares de todos los países, y se acostaba con ellos por placer, así lo dijo en su defensa en el juicio, tras la lectura de un listado cuasi infinito de militares a lo largo de aquel verano. Murió el 15 de octubre de 1917, con traje de ceremonia, como si el último viaje en manos de un pelotón de fusilamiento fuera de gloria.
*Publicado en La Revista 19/02/2015
12 feb 2015
Gauguin, un pintor de vida afilada #Iconos
ICONOS
Obra: “Nafea Faa Ipoipo”¨, 1892.
Autor: Paul Gauguin.
Que una obra de un pintor como Paul Gauguin (París, 1948 - Islas Marquesas, 1903) reviente el mercado es algo obsceno, como su vida. Un pintor, el que dicen que se ha convertido con “Nafea Faa Ipoipo”, 1892, en el más cotizado. por 300 millones de dólares, hoy, con sus infanticidas impulsos sexuales, no podría pintar más allá de la cárcel. Entonces, su conducta sería recriminada por una comunidad más permisiva como la polinesia. Los problemas económicos serían la más fiel compañía.
Cuando Gauguin, en 1891, tras una travesía de dos meses y medio desde que partió de Marsella llega a Tahití, tenía 43 años, estaba sifilítico, y su salud en sí muy tocada. De barba recortada y rizada, y un cabello levemente rojizo, su rostro acompasado por una sempiterna pipa le asemejaba más bien a un marino que a un artista que huía del mundo occidental para otear la inspiración y las fantasías salvajes de las islas. Era ya un pintor reconocido, quien había compartido experiencias con Van Gogh, con quien tuvo desavenencias, algunas como las que bordearon su locura y el reconocible episodio de la oreja rebanada. Su pasión por el oficio de la pintura, tras haber vivido su etapa de agente de bolsa y un declinar económico dramático, le costaría el abandono de su mujer, Mette-Sophie, una mujer danesa con la que tuvo 5 hijos y poco apasionamiento.
En la Polinesia Francesa buscaba la luz. Sus paisajes y los desnudos indígenas; estos, con un marcado primitivismo cuasi abstracto, estaban encendidos de color. Su biografía y la de su abuela Flora Tristán, precursora del feminismo está recreada en un libro magistral de Mario Vargas LLosa, “El paraíso en la otra esquina”.
Su primera compañía en la isla, Titi Pechitos, sería una prostituta a quien la mala vida le había consumido su aspecto. Se fue a vivir con él, de la misma manera que un día le abandonó y él agradeció, estaba arruinando su tranquilidad. La segunda Teha'amana,de 13 años, quien además de fiel concubina ejerció de paciente modelo fue ofertada por sus padres a cambio de una sustanciosa cantidad de víveres. La joven inspiraría algunos de los mejores momentos creativos, también de desenfreno sexual. Ella se quedaría embarazada, él le avisaría de un repentino viaje a París en el último momento. No se volverían a ver.
*Publicado en La Revista 12/02/2015
Obra: “Nafea Faa Ipoipo”¨, 1892.
Autor: Paul Gauguin.
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| Paul Gauguin. |
Que una obra de un pintor como Paul Gauguin (París, 1948 - Islas Marquesas, 1903) reviente el mercado es algo obsceno, como su vida. Un pintor, el que dicen que se ha convertido con “Nafea Faa Ipoipo”, 1892, en el más cotizado. por 300 millones de dólares, hoy, con sus infanticidas impulsos sexuales, no podría pintar más allá de la cárcel. Entonces, su conducta sería recriminada por una comunidad más permisiva como la polinesia. Los problemas económicos serían la más fiel compañía.
Cuando Gauguin, en 1891, tras una travesía de dos meses y medio desde que partió de Marsella llega a Tahití, tenía 43 años, estaba sifilítico, y su salud en sí muy tocada. De barba recortada y rizada, y un cabello levemente rojizo, su rostro acompasado por una sempiterna pipa le asemejaba más bien a un marino que a un artista que huía del mundo occidental para otear la inspiración y las fantasías salvajes de las islas. Era ya un pintor reconocido, quien había compartido experiencias con Van Gogh, con quien tuvo desavenencias, algunas como las que bordearon su locura y el reconocible episodio de la oreja rebanada. Su pasión por el oficio de la pintura, tras haber vivido su etapa de agente de bolsa y un declinar económico dramático, le costaría el abandono de su mujer, Mette-Sophie, una mujer danesa con la que tuvo 5 hijos y poco apasionamiento.
En la Polinesia Francesa buscaba la luz. Sus paisajes y los desnudos indígenas; estos, con un marcado primitivismo cuasi abstracto, estaban encendidos de color. Su biografía y la de su abuela Flora Tristán, precursora del feminismo está recreada en un libro magistral de Mario Vargas LLosa, “El paraíso en la otra esquina”.
Su primera compañía en la isla, Titi Pechitos, sería una prostituta a quien la mala vida le había consumido su aspecto. Se fue a vivir con él, de la misma manera que un día le abandonó y él agradeció, estaba arruinando su tranquilidad. La segunda Teha'amana,de 13 años, quien además de fiel concubina ejerció de paciente modelo fue ofertada por sus padres a cambio de una sustanciosa cantidad de víveres. La joven inspiraría algunos de los mejores momentos creativos, también de desenfreno sexual. Ella se quedaría embarazada, él le avisaría de un repentino viaje a París en el último momento. No se volverían a ver.
*Publicado en La Revista 12/02/2015
5 feb 2015
Joséphine Baker, la perla negra #Iconos
Iconos
Imagen: Joséphine Baker.
Joséphine baker (1906-1975) era un espectáculo, y su biografía, todo menos lineal. Estadounidense nacionalizada francesa fue la primera mujer negra en protagonizar una película, Zouzou (1934). Desde niña tenía claro que sería bailarina, y así fue, con 14, edad en la que ya estaba casada, había ganado ya un concurso de baile. Se casaría otras tres ocasiones más, la segunda con Willie Baker, un guitarrista del blues del que tomaría su apellido artístico, aunque este matrimonio duraría lo que un suspiro; con 16 años abandona al músico con la intención de probar suerte en Broadway, operación que, sin ser infructuosa, no trasciende como ella deseaba.
Su oportunidad llegaría en Europa, en París, 1925, en un espectáculo que incluía baile, sensualidad a raudales con su particular estilo desinhibido y música de foxtrot, que era lo que se llevaba, o charlestón. Una falda hecha de plátanos, al margen de exótica, pulverizó el corazoncito de los franceses. Más tarde se convertiría en bailarina del Folies Bergère, después en su propio club, Chez Joséphine; en toda aquella primera época fue una reconocida modelo fotográfica y pin-up. En sus espectáculos se acompañaba de un leopardo, que en no pocas veces, dado su carácter nervioso atemorizó a la orquesta.
Sus papeles como actriz en “Princesse Tam Tam” y “Zouzou”, de 1934, no tienen la repercusión esperada, tampoco su gira estadounidense de 1936, a quienes escandalizó la promiscuidad exhibida en su espectáculo y vetada por ello la entrada en algunos hoteles y restaurantes. De vuelta a París se casa con un empresario judío, Jean Lion. La Guerra Mundial la unió a la resistencia francesa, una labor bien reconocida con la Medalla de la Resistencia y la Legión de Honor. Se casó una vez más con el director de orquesta Jo Bouillon. Su bisexualidad -nunca reconocida- le hizo mantener numerosos amantes, y si bien en una etapa de su vida le hizo beligerante con la ocupación alemana, o el movimiento de los derechos civiles de los afroamericanos, no ocurrió lo mismo con su vida sexual.
Hemingway, Le Corbusier, quedaron prendados de su poderoso cuerpo, a imagen y semejanza de un felino. También los cubistas, inspirados en su arte y su ritual de desnudez.
*Publicado en La Revista 5/02/2015
Imagen: Joséphine Baker.
Joséphine baker (1906-1975) era un espectáculo, y su biografía, todo menos lineal. Estadounidense nacionalizada francesa fue la primera mujer negra en protagonizar una película, Zouzou (1934). Desde niña tenía claro que sería bailarina, y así fue, con 14, edad en la que ya estaba casada, había ganado ya un concurso de baile. Se casaría otras tres ocasiones más, la segunda con Willie Baker, un guitarrista del blues del que tomaría su apellido artístico, aunque este matrimonio duraría lo que un suspiro; con 16 años abandona al músico con la intención de probar suerte en Broadway, operación que, sin ser infructuosa, no trasciende como ella deseaba.
Su oportunidad llegaría en Europa, en París, 1925, en un espectáculo que incluía baile, sensualidad a raudales con su particular estilo desinhibido y música de foxtrot, que era lo que se llevaba, o charlestón. Una falda hecha de plátanos, al margen de exótica, pulverizó el corazoncito de los franceses. Más tarde se convertiría en bailarina del Folies Bergère, después en su propio club, Chez Joséphine; en toda aquella primera época fue una reconocida modelo fotográfica y pin-up. En sus espectáculos se acompañaba de un leopardo, que en no pocas veces, dado su carácter nervioso atemorizó a la orquesta.
Sus papeles como actriz en “Princesse Tam Tam” y “Zouzou”, de 1934, no tienen la repercusión esperada, tampoco su gira estadounidense de 1936, a quienes escandalizó la promiscuidad exhibida en su espectáculo y vetada por ello la entrada en algunos hoteles y restaurantes. De vuelta a París se casa con un empresario judío, Jean Lion. La Guerra Mundial la unió a la resistencia francesa, una labor bien reconocida con la Medalla de la Resistencia y la Legión de Honor. Se casó una vez más con el director de orquesta Jo Bouillon. Su bisexualidad -nunca reconocida- le hizo mantener numerosos amantes, y si bien en una etapa de su vida le hizo beligerante con la ocupación alemana, o el movimiento de los derechos civiles de los afroamericanos, no ocurrió lo mismo con su vida sexual.
Hemingway, Le Corbusier, quedaron prendados de su poderoso cuerpo, a imagen y semejanza de un felino. También los cubistas, inspirados en su arte y su ritual de desnudez.
*Publicado en La Revista 5/02/2015
23 ene 2015
Nacho García Vallejo, atleta en ferro #Moda #La Revista
De Moda
Nacho García Vallejo, 46 anos, triatleta.
En Galicia hai unha canteira importante de triatletas, as xestas de Javier Gómez Noya e Iván Raña fixeron moito por este deporte para que tivera tantos seguidores. O triatlón din que é o deporte máis esixente, é a proba de Ironman, longa distancia, xa o di todo comezando polo nome.
Nacho García Vallejo é un dos amateurs que machacan o corpo case que todos os días, “un día á semana descanso”. Empezou fai 18 anos, recuperando o deporte que deixara cando tiña 27. Primeiro comezando coas probas curtas, “unha vez que esas distancias non me supuñan retos empecei a facer medio Ironman e Ironman, e así até agora”. Os retos no amateur son individuais, de tipo persoal, “o feito de acabar as probas xa é todo un éxito”. Nestes anos asistiu a probas en toda a xeografía, tamén en Francia e Portugal. E cando non, a manter o tipo nas carreiras populares. Ademais, cun grupo de amigos montaron o club TriOurense, no que están federados 35 triatletas. Gusta de moitos deportes, sobre todo deses que “te liberan e te fan sentir moi vivo”. Non os vou citar para que ninguén os imite, non vaia ser...
A sesión co deportista é no Bon Xesús de Trandeiras, Xinzo de Limia, un mosteiro derruído que mantén en pé a igrexa e o claustro, cun fondo de misterio en todo elo. Construído –din- por cabaleiros portugueses. Casualidade ou non, a imaxe de Nacho a min me lembra á de Paolo Henriques, o modelo portugués que fai anos participou na campaña de Loewe. De presenza vigorosa, pouco convencional e unha imaxe moi marcada; a sesión trata de incidir neses aspectos.
*Publicado en La Revista 22/01/2014
Nacho García Vallejo, 46 anos, triatleta.
En Galicia hai unha canteira importante de triatletas, as xestas de Javier Gómez Noya e Iván Raña fixeron moito por este deporte para que tivera tantos seguidores. O triatlón din que é o deporte máis esixente, é a proba de Ironman, longa distancia, xa o di todo comezando polo nome.
Nacho García Vallejo é un dos amateurs que machacan o corpo case que todos os días, “un día á semana descanso”. Empezou fai 18 anos, recuperando o deporte que deixara cando tiña 27. Primeiro comezando coas probas curtas, “unha vez que esas distancias non me supuñan retos empecei a facer medio Ironman e Ironman, e así até agora”. Os retos no amateur son individuais, de tipo persoal, “o feito de acabar as probas xa é todo un éxito”. Nestes anos asistiu a probas en toda a xeografía, tamén en Francia e Portugal. E cando non, a manter o tipo nas carreiras populares. Ademais, cun grupo de amigos montaron o club TriOurense, no que están federados 35 triatletas. Gusta de moitos deportes, sobre todo deses que “te liberan e te fan sentir moi vivo”. Non os vou citar para que ninguén os imite, non vaia ser...
A sesión co deportista é no Bon Xesús de Trandeiras, Xinzo de Limia, un mosteiro derruído que mantén en pé a igrexa e o claustro, cun fondo de misterio en todo elo. Construído –din- por cabaleiros portugueses. Casualidade ou non, a imaxe de Nacho a min me lembra á de Paolo Henriques, o modelo portugués que fai anos participou na campaña de Loewe. De presenza vigorosa, pouco convencional e unha imaxe moi marcada; a sesión trata de incidir neses aspectos.
*Publicado en La Revista 22/01/2014
22 ene 2015
El Papus, nuestro Charlie Hebdo #Iconos #ElPapus
ICONOS
Foto: Revista el Papus.
Editorial Amaika, 17 febrero de 1979.
Revista satírica y neurasténica, así se subtitulaba una de las publicaciones de la ilustre Transición, El Papus, una revista gruesa, irreverente, maleducada y soez, que tenía en el punto de mira todo lo que oliera a ultraderecha, que ni entonces ni ahora tenían sentido del humor. Editada en Barcelona por el Conde de Barcelona -La Vanguardia- recaló firmas importantes, Montalbán, Antonio Franco, Maruja Torres y dibujantes como Ivà, Jà, Joan de Sagarra, Gin, LÁvi, García Lorente, Óscar, Vives, entre otros, Llegó a publicar 300.000 ejemplares, y no debido a su impronta intelectual ni calidad, sino al universo satírico que explotaban y a la ligereza de vestimenta femenina de innegable reclamo, en los cimientos de una débil democracia dicen que se asentaban, no la revista, que volaría por los aires tras un atentado con ecos en los estertores del sistema y las Fuerzas de Seguridad. Antes del atentado fue suspendida de publicación en varias ocasiones y con denuncias todas las semanas.
Lo cuenta David Fernández de Castro en “El Papus, Anatomía de un atentado”, un documental estrenado en febrero del 2011, 33 años de un atentado nunca convenientemente aclarado, y que según el abogado August Gil, “la policía actuó con negligencia, incompetencia e inhibición, lo que lleva a pensar que hubo obstrucción deliberada”. Javier Fernández de Castro es hijo de uno de los periodistas del semanario, “me di cuenta que mi padre no tenía un trabajo normal y acababa de sobrevivir a un atentado”, cuenta al inicio del documental.
Barcelona, 11h 40', 20 de septiembre de 1977, un chico rubio, alto, de pelo corto entrega un paquete en la redacción de la revista, lo recoge Juan Peñalver, el portero, camino del despacho del director “una extensa llamarada seguida de una sonora explosión acaba con su vida”, lo narraba Encarna Sánchez en el informativo de la COPE y así se recoge en un documental que si no aclara cosas, es porque en todos estos hechos, a pesar del tiempo transcurrido, del juicio en sí nunca hubo culpables. Tras ocho años de resistencia tras el atentado, al no lograr indemnización, con la salida de La Vanguardia de la publicación, la revista cierra sus puertas. Fueron años de irreverencia y groserías, 1973-1986.
*Publicado en La Revista 22/01/2014
Foto: Revista el Papus.
Editorial Amaika, 17 febrero de 1979.
Revista satírica y neurasténica, así se subtitulaba una de las publicaciones de la ilustre Transición, El Papus, una revista gruesa, irreverente, maleducada y soez, que tenía en el punto de mira todo lo que oliera a ultraderecha, que ni entonces ni ahora tenían sentido del humor. Editada en Barcelona por el Conde de Barcelona -La Vanguardia- recaló firmas importantes, Montalbán, Antonio Franco, Maruja Torres y dibujantes como Ivà, Jà, Joan de Sagarra, Gin, LÁvi, García Lorente, Óscar, Vives, entre otros, Llegó a publicar 300.000 ejemplares, y no debido a su impronta intelectual ni calidad, sino al universo satírico que explotaban y a la ligereza de vestimenta femenina de innegable reclamo, en los cimientos de una débil democracia dicen que se asentaban, no la revista, que volaría por los aires tras un atentado con ecos en los estertores del sistema y las Fuerzas de Seguridad. Antes del atentado fue suspendida de publicación en varias ocasiones y con denuncias todas las semanas.
Lo cuenta David Fernández de Castro en “El Papus, Anatomía de un atentado”, un documental estrenado en febrero del 2011, 33 años de un atentado nunca convenientemente aclarado, y que según el abogado August Gil, “la policía actuó con negligencia, incompetencia e inhibición, lo que lleva a pensar que hubo obstrucción deliberada”. Javier Fernández de Castro es hijo de uno de los periodistas del semanario, “me di cuenta que mi padre no tenía un trabajo normal y acababa de sobrevivir a un atentado”, cuenta al inicio del documental.
Barcelona, 11h 40', 20 de septiembre de 1977, un chico rubio, alto, de pelo corto entrega un paquete en la redacción de la revista, lo recoge Juan Peñalver, el portero, camino del despacho del director “una extensa llamarada seguida de una sonora explosión acaba con su vida”, lo narraba Encarna Sánchez en el informativo de la COPE y así se recoge en un documental que si no aclara cosas, es porque en todos estos hechos, a pesar del tiempo transcurrido, del juicio en sí nunca hubo culpables. Tras ocho años de resistencia tras el atentado, al no lograr indemnización, con la salida de La Vanguardia de la publicación, la revista cierra sus puertas. Fueron años de irreverencia y groserías, 1973-1986.
*Publicado en La Revista 22/01/2014
18 ene 2015
Contar historias por necesidade #La Revista #Moda
De Moda
Melania Pérez-Cruz, 31 años, Lugo, actriz.
A realidade do actor é moi ampla, e non todo -nin sempre- son papeis e escenario. Melania Cruz di sentirse obsesionada co traballo, “son moi perfeccionista”, tamén co IVE cultural, “un crime, a industria cultural hoxe está sometida, moitas compañías están desaparecendo”.
A lucense Melania Cruz é actriz de teatro, nótase, na expresión, nos xestos, na forma de desenvolver certos movementos. Por momentos –a min mo parece- semella distante, como se o seu pensamento seguira atrapado no universo tráxico do “O Home almofada”, de Martin McDonagh, que andan a representar; quizais pola distancia que existe entre os desexos, as cousas que estás a facer e as que che gustaría chegar; quizais a sesión -non creo-, o maxestoso Liceo Ourensán, onde hoxe toca, un fermoso escenario para ocupar unha tarde de inverno.
Melania, tamén gozosa, cando lle lembras o papel da Raxada na Esmorga, que lle acercou como actriz ao mundo do cinema, “unha oportunidade estupenda, cuns profesionais excepcionais, eu nunca fixera cine, a verdade é que che abre outras perspectivas na interpretación”, comenta. Ten inoculado o veleno da interpretación, aínda que “cos anos”, así o di, cada vez lle custe máis desprenderse da familia, das amizades. O teatro esixe moito, “non se pode parar, sempre hai que estar formándose”.
A sesión, tranquila, amable. Melania ten un atractivo natural que sabe mostrar, expresar sen estridencias, e iso é de agradecer.
*Publicado en La Revista 15/01/2015
Melania Pérez-Cruz, 31 años, Lugo, actriz.
| José Paz |
A realidade do actor é moi ampla, e non todo -nin sempre- son papeis e escenario. Melania Cruz di sentirse obsesionada co traballo, “son moi perfeccionista”, tamén co IVE cultural, “un crime, a industria cultural hoxe está sometida, moitas compañías están desaparecendo”.
A lucense Melania Cruz é actriz de teatro, nótase, na expresión, nos xestos, na forma de desenvolver certos movementos. Por momentos –a min mo parece- semella distante, como se o seu pensamento seguira atrapado no universo tráxico do “O Home almofada”, de Martin McDonagh, que andan a representar; quizais pola distancia que existe entre os desexos, as cousas que estás a facer e as que che gustaría chegar; quizais a sesión -non creo-, o maxestoso Liceo Ourensán, onde hoxe toca, un fermoso escenario para ocupar unha tarde de inverno.
Melania, tamén gozosa, cando lle lembras o papel da Raxada na Esmorga, que lle acercou como actriz ao mundo do cinema, “unha oportunidade estupenda, cuns profesionais excepcionais, eu nunca fixera cine, a verdade é que che abre outras perspectivas na interpretación”, comenta. Ten inoculado o veleno da interpretación, aínda que “cos anos”, así o di, cada vez lle custe máis desprenderse da familia, das amizades. O teatro esixe moito, “non se pode parar, sempre hai que estar formándose”.
A sesión, tranquila, amable. Melania ten un atractivo natural que sabe mostrar, expresar sen estridencias, e iso é de agradecer.
*Publicado en La Revista 15/01/2015
Francisco Umbral, el de todos los días #Iconos#Umbral
Iconos
Foto: Francisco Umbral.
Autor: María España.
Se fue en plena canícula, un 28 de agosto del 2007. Escritor excesivo en las formas, exquisito en el estilo; escritor de periódicos y de novelas, sin distingos, Umbral era él mismo, para ello se había enfundado en el traje un personaje. Decía Delibes de él, “escribe con la facilidad que mea”, por ello lo arropó en el Norte de Castilla y lo liberó en Madrid.
Umbral fue un chulo de las letras enfundado en un abrigo negro de amplias solapas o en la desnudez de su Olivetti con la que tapaba las vergüenzas cuando le fotografiaba María España, su musa, su mujer, quien fuera fotógrafa en El País cuando ambos estrenaban transición y modernidad en el nuevo medio de Cebrián; después vendrían desengaños y nuevos medios, Diario 16 y El Mundo, del que se fue a la gloria.
Umbral fue arponero de Madrid, su finca, la ciudad que le vio nacer en 1932, en el Hospital benéfico de la Maternidad, en Lavapiés. Su madre huía de Valladolid para evitar habladurías por ser madre soltera. Nacido Francisco Pérez, mutó el apellido como quien toma la alternativa en el oficio, buscando esplendor y nuevo impulso, así fue. De aquella niñez acomplejada sacó estilo y savia, en los territorios de la ficción cotidiana que nunca le abandonaba. La barra del Café Gijón fue su casa, donde desde su palidez y altura ejercía de maestro de ceremonias. La barra a la que todos los provincianos se aferraban, pero él era Umbral, el macho alfa de las letras, alguien capaz de “pisotear” al padre Cela, a quien se le aparecían los libros en las manos como las vírgenes a los creyentes, aquél que no necesitaba otro apoyo que el de su propio ego, garante de su imaginación. Umbral ejerció de biógrafo de sí mismo, en un Madrid donde pasaban cosas, y él las contaba con la naturalidad con la que resaltaba literariamente en negrita los personajes reales de ficción que hacía de sus columnas el verdadero sostén de un periodismo en pleno horizonte de libertad.
Dicen que se desencantó del felipismo y del socialismo, que se hizo liberal y admirador de la derecha, pero eso era cuestión de días, de una rebeldía bipolar con la que agitaba las teclas de su Olivetti, la misma que a veces le hacía machista, petulante, provocador. Y es que como le dijo a Milá en una ocasión, “yo he venido a hablar de mi libro”, y punto.
*Publicado en La Revista 15/01/2015
Foto: Francisco Umbral.
Autor: María España.
Se fue en plena canícula, un 28 de agosto del 2007. Escritor excesivo en las formas, exquisito en el estilo; escritor de periódicos y de novelas, sin distingos, Umbral era él mismo, para ello se había enfundado en el traje un personaje. Decía Delibes de él, “escribe con la facilidad que mea”, por ello lo arropó en el Norte de Castilla y lo liberó en Madrid.
Umbral fue un chulo de las letras enfundado en un abrigo negro de amplias solapas o en la desnudez de su Olivetti con la que tapaba las vergüenzas cuando le fotografiaba María España, su musa, su mujer, quien fuera fotógrafa en El País cuando ambos estrenaban transición y modernidad en el nuevo medio de Cebrián; después vendrían desengaños y nuevos medios, Diario 16 y El Mundo, del que se fue a la gloria.
Umbral fue arponero de Madrid, su finca, la ciudad que le vio nacer en 1932, en el Hospital benéfico de la Maternidad, en Lavapiés. Su madre huía de Valladolid para evitar habladurías por ser madre soltera. Nacido Francisco Pérez, mutó el apellido como quien toma la alternativa en el oficio, buscando esplendor y nuevo impulso, así fue. De aquella niñez acomplejada sacó estilo y savia, en los territorios de la ficción cotidiana que nunca le abandonaba. La barra del Café Gijón fue su casa, donde desde su palidez y altura ejercía de maestro de ceremonias. La barra a la que todos los provincianos se aferraban, pero él era Umbral, el macho alfa de las letras, alguien capaz de “pisotear” al padre Cela, a quien se le aparecían los libros en las manos como las vírgenes a los creyentes, aquél que no necesitaba otro apoyo que el de su propio ego, garante de su imaginación. Umbral ejerció de biógrafo de sí mismo, en un Madrid donde pasaban cosas, y él las contaba con la naturalidad con la que resaltaba literariamente en negrita los personajes reales de ficción que hacía de sus columnas el verdadero sostén de un periodismo en pleno horizonte de libertad.
Dicen que se desencantó del felipismo y del socialismo, que se hizo liberal y admirador de la derecha, pero eso era cuestión de días, de una rebeldía bipolar con la que agitaba las teclas de su Olivetti, la misma que a veces le hacía machista, petulante, provocador. Y es que como le dijo a Milá en una ocasión, “yo he venido a hablar de mi libro”, y punto.
*Publicado en La Revista 15/01/2015
8 ene 2015
En beneficio de la danza, Erick Jiménez #Moda#Sólodos
De Moda
Erick Jiménez, 37 años, San José (Costa Rica), baliarín.
Quizás, en la vida, todos nos dejamos llevar por una serie de constantes, de rituales, que envuelven al hombre desde que vive en sociedad, pero no todos los llevamos al extremo, ni los asumimos con un propósito de vida.
La realidad del artista es compleja, y “no existe ese estado ideal”, ese lugar donde ponerlo en práctica, y no siempre se ve con buenos ojos. Erick Jiménez cuenta que cuando se decantó por la danza, hace casi treinta años, ni siquiera, era bien visto el que un hombre apostara por semejante oficio. Costarricense del 77, unido a Maruxa Salas, ourensana, en la vida y en Sólodos, su propia compañía. “En la danza tienen que ver mucho los contextos educativos, sociopolíticos, e incluso la propia historia de cada país hacen que ésta figure en una determinada posición”. Un arte efímero en evolución permanente que, sin lugar a dudas, para Erick es un privilegio, ese lugar ideal que le hace feliz, porque realiza lo que le gusta "y además me pagan por ello”.
La sesión con un artista como Erick no podía ser igual a la de cualquier otro personaje, más allá del look impecable, estamos ante un gimnasta que trabaja su cuerpo duramente ocho horas diarias, su herramienta de trabajo sobre el escenario, que es donde, como él indica, “él lugar donde te encuentras con todas tus virtudes y defectos”; el resultado, un lujo inalcanzable para el común de los mortales, y para La Revista. Feliz año a todos.
*Publicado en La Revista 8/01/2015
Erick Jiménez, 37 años, San José (Costa Rica), baliarín.
| José Paz |
La realidad del artista es compleja, y “no existe ese estado ideal”, ese lugar donde ponerlo en práctica, y no siempre se ve con buenos ojos. Erick Jiménez cuenta que cuando se decantó por la danza, hace casi treinta años, ni siquiera, era bien visto el que un hombre apostara por semejante oficio. Costarricense del 77, unido a Maruxa Salas, ourensana, en la vida y en Sólodos, su propia compañía. “En la danza tienen que ver mucho los contextos educativos, sociopolíticos, e incluso la propia historia de cada país hacen que ésta figure en una determinada posición”. Un arte efímero en evolución permanente que, sin lugar a dudas, para Erick es un privilegio, ese lugar ideal que le hace feliz, porque realiza lo que le gusta "y además me pagan por ello”.
La sesión con un artista como Erick no podía ser igual a la de cualquier otro personaje, más allá del look impecable, estamos ante un gimnasta que trabaja su cuerpo duramente ocho horas diarias, su herramienta de trabajo sobre el escenario, que es donde, como él indica, “él lugar donde te encuentras con todas tus virtudes y defectos”; el resultado, un lujo inalcanzable para el común de los mortales, y para La Revista. Feliz año a todos.
*Publicado en La Revista 8/01/2015
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